El desarrollo de un día de trabajo frente a mis grupos es el siguiente:
Al entrar al salón de clases primeramente saludo a todos mis alumnos de manera general con los buenos días dependiendo de la hora, ya que son parte de nuestras reglas de educación y que ellos deben aprender como parte importante de su formación. Sin embargo, existen ocasiones en que hay alumnos que manifiestan en sus rostros o en sus actitudes la necesidad de una mayor atención de mi parte, es entonces que me acerco a ellos a preguntarles cómo están de una manera personal, porque he aprendido que cuando estas situaciones se presentan el aprendizaje no se logra en su totalidad y porque además considero que eso les ayuda a sentir que me interesan (esta actividad la llevo a cabo en un tiempo que pudiera tener “libre” o mientras trabajan en algún ejercicio). Después procedo a pasar lista no sólo porque lo marca el reglamento de la escuela sino porque de esa manera me doy cuenta que chico esta faltando (generalmente reporto tal situación para que se le de seguimiento, aunque preferentemente trato de saber el motivo o causa, a fin de que ese alumno comprenda que es importante no perder clases). Luego reviso la tarea o la actividad que hay quedado pendiente la clase anterior.
Para iniciar el desarrollo del tema, siempre recupero el tema visto la sesión anterior, como una introducción y recordatorio al contenido de ese día, y también como un enlace o interrelación entre tema y tema. Posteriormente menciono y escribo en el pizarrón el título del tema a desarrollar, no dejando de hacer hincapié en el objetivo que se pretende alcanzar. Para el desarrollo del tema, inicio con lluvia de ideas a través de las cuales me permiten conocer que tanto conocimiento o dominio tienen los alumnos respecto del mismo, lo cual en algunas ocasiones se consideran como participaciones personales que me dan herramientas para evaluarlos. Generalmente no pongo a exponer a mis alumnos cuando son temas nuevos, sino que yo soy quien explica los temas haciendo uso cotidianamente del pizarrón o en algunas ocasiones de láminas que previamente he realizado; durante este proceso, continuamente les pregunto si existen dudas o comentarios antes de seguir avanzando. Es común que ellos digan que no existen dudas, sin embargo, al terminar de explicar el tema, les pregunto con el fin de verificar si realmente comprendieron y asimilaron la sesión. Para concluir, les pongo un ejercicio (caso práctico que sea similar a la realidad) ó una actividad que permita reforzar o retroalimentar lo aprendido.
Al final, asigno la tarea recordando la importancia de realizarla en virtud de que forma parte de su evaluación pero sobretodo que les dará la pauta para la sesión que continuará.
Fin de la clase. ¡Hasta luego!
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